Vargas Llosa: tolerancia de un intolerante

Alberto Aranguibel



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Noviembre de 1999

Marito, como lo llamaba su tía Julia, fue desde siempre impulsivo y frenético, y, por la malacrianza que derivaba de su condición de hijo único surgido del seno de una familia burguesa en aquella Lima conservadora de los años cuarenta, absolutamente incapaz de aceptar un «no» como respuesta. Fue precisamente por eso, por su intolerancia, que su tía, seria y respetable como parece que fue en un principio, debió ceder a las insistentes propuestas de incesto que durante largo tiempo le formulara el lascivo escritor peruano (rascabucheándola por los rincones obscuros de su casa) hasta perderse y terminar convirtiéndose en su amante furtiva, según él mismo relata en La Tía Julia y el escribidor, considerada desde siempre su obra autobiográfica, así como en innumerables entrevistas en las que se presentacada vez más orgulloso de su lujurioso historial.

Como la mayoría de los intelectuales, Marito no sabe nada de toda aquella economía que trascienda los linderos de la compra cotidiana de uno que otro libro en el quiosco de la esquina. Ni siquiera de los costos del condumio diario a que pudiera verse obligado como todo ser humano, porque los escritores de renombre tienen siempre la manía de poner a su orden a una verdadera corte de «asistentes temáticas» dedicadas a los distintos quehaceres de su hogar que, generalmente, es también su oficina. Así, tienen una señora que atiende las llamadas, otra exclusivamente para organizar su agenda de conferencias y entrevistas, otra para atenderle los asuntos del baño y de la ropa y así, sucesivamente, hasta la señora que hace las compras del abasto, cuya invariable regla de comportamiento suele ser «que no los molesten con el monto de la cuenta, ni cosas por el estilo».

Para alcanzar el prestigio y la densidad de un escritor de renombre como lo es él, se debe invertir un tiempo infinito en la lectura de los clásicos; de la novelística del siglo XVI hasta el XVIII completa, además de los grandes pensadores de la antigüedad; toda la mitología griega y la escandinava, así como los crípticos tratados filosóficos de los predecesores de Cristo, del cercano y del lejano oriente. Debe conocerse, así mismo, la historia universal, que en el caso de Marito fue la base para La Guerra del Fin del Mundo, una novela suya sobre sucesos que tuvieron lugar en Brasil a principios de la colonia. Es por ello, por carecer de tiempo real para el estudio de la macroeconomía, que no existen novelistas de trascendencia que puedan disertar con éxito sobre las cosas de la política o el futuro de los países.

Abundan, como ha sido siempre, sólo aquellos cuyas grandes obras se basan en la más pura y bien elaborada ficción surgida de acontecimientos del pasado, también llamada «realismo mágico», como en el caso latinoamericano.

Pero, Marito, quien en uno de los gestos de mayor intolerancia que hayan tenido lugar en este continente en lo que va de siglo, decidió renunciar a su ciudadanía peruana por el solo hecho de no haber sido electo presidente de ese país, viene a Venezuela a pretender ¡darnos clases de moral y de economía! Viene a entrometerse irresponsablemente en un proceso que es llevado adelante por el pueblo venezolano en ejercicio pleno de su soberanía como uno de sus más preciados activos democráticos. Viene a decir que el presidente Chávez, precisamente el único mandatario venezolano que ha consultado la opinión del pueblo mediante referenda, y que hoy con la sola presencia de este escritor en el país da una demostración más de la amplia libertad de opinión y disentimiento que existe en Venezuela, es, según él, intolerante y totalitario.

Los venezolanos, apelando a nuestra condición de tal, por encima de las diferencias grupales o ideológicas, debemos levantar nuestra más enérgica voz de protesta contra la intromisión de tan impúdico e insolente individuo que, amparado en su prestigio como intelectual, abandonó a su país a su propia y desgraciada suerte, y que ha sido objeto de repudio hasta por parte de su
misma familia precisamente por su lascivia y por su desmedida intolerancia, en los asuntos que nos son tan caros y tan preciados, como los procesos mediante los cuales hemos decidido construir nuestro propio, decente y bien merecido futuro.
 

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Alberto Aranguibel B., especialista en imagen corporativa y política, es reconocido como creador de un modelo de planificación estratégica de imagen y campañas políticas sin precedentes en el ámbito latinoamericano. En Venezuela ha asesorado y dirigido desde hace más de quince años campañas para importantes partidos y dirigentes políticos a nivel nacional y regional. Actualmente dicta conferencias en esta materia y es colaborador de opinión en Venezuela Analítica, diarios El Nacional , Últimas Noticias y la revista Calidad Empresarial. Preside las empresas Optimisa C.A., centro profesional para la optimización de imagen y gestión pública, y Promociones Diagonal C.A. de servicios publicitarios integrales.