Clarín, Miércoles 5 de julio de 2000
TRIBUNA ABIERTA
México: la alegría del funeral
Tras 71 años en el poder, la derrota del oficialismo genera enormes expectativas · El éxito de la transición depende de que el PRI se adapte al nuevo escenario y haga una oposición moderna y constructiva

JUAN VILLORO. Escritor mexicano.

Entre las novedades de las elecciones que el 2 de julio transformaron a México, destaco una esencial: el principio de incertidumbre. Durante 71 años habíamos sabido quién iba a ganar. En ocasiones, la competencia ni siquiera resultaba necesaria. Cuando voté por primera vez, en 1976, sólo hubo un candidato a la presidencia: José López Portillo, del PRI.

Quizá porque las noticias fundamentales casi siempre son malas, los mexicanos nos reunimos en tribus para recibirlas. A las tres de la tarde, 15 parientes comían "carnitas" en mi casa. La reunión se improvisó para sobrellevar la tensión de unos comicios con varios desenlaces posibles. Para matar el tiempo, hice lo que los especialistas llaman "conteo rápido": 14 familiares habían votado por Vicente Fox, candidato a la presidencia del Partido Acción Nacional. Debo decir que esa mesa con cerdo bañado en salsa verde era hasta hace unas semanas un bastión de la izquierda representada por Cuauhtémoc Cárdenas. Para el domingo, sólo uno de los encuestados (yo) apoyaba a Cárdenas con tesón suicida. Lo más revelador es que la decisión de los conversos se tomó a última hora, y muchas veces en la misma casilla, con crayón tembloroso y rictus de psicodrama.

Si la oposición se hubiera presentado a los comicios en bloque amplio, le habría facilitado las cosas a nuestro libre albedrío. Pero no fue así y hubo que decidir. La balanza se inclinó por quien representaba el mayor peligro para el PRI, así fuera un ex gerente de la Coca-Cola, de perennes botas vaqueras y proselitismo forjado en cursos básicos de "calidad total". Más allá de las promesas (que se discutieron poco), la prioridad fue la alternancia, el repudio a un sistema basado en la corrupción, la impunidad y el tráfico de influencias. Así se constituyó la fuerza dominante del 2 de julio, el "partido del hartazgo", como lo llamó Carlos Monsiváis.



Creerás en milagros

Con todo, en la mañana resultaba imposible intuir que Fox arrasaría en la mesa de mi casa y en el resto del país. Los vaticinios apuntaban a una contienda cerradísima.

Muchos votamos en escuelas, rodeados de dibujos infantiles, croquis del cuerpo humano y mapas del país. El escenario sugería algo certero: éramos aprendices de demócratas; por vez primera, el voto formaba parte de nuestra biografía. Lo más entusiasmante de la jornada fue el hecho mismo de votar; el proceso superó con creces las iniciativas partidistas. De modo implícito, los mexicanos elegimos el domingo al Instituto Federal Electoral, que celebró las primeras elecciones autónomas para presidente y desterró el fantasma del fraude. Se trata de un logro paciente, con una logística que rebasa cualquier producción cinematográfica (los 50.000 lápices que los estudios Disney usaron para dibujar "El príncipe de Egipto" apenas compiten con los 2.304.000 crayones destinados a rubricar las voluntades en nuestras casillas). Entre las estadísticas operativas, deberían figurar los cuatro puros diarios de José Woldenberg, presidente del IFE. Al hacerse cargo de su puesto, el antiguo militante de la izquierda descubrió que requería de una cortina de humo para no perder la calma en reuniones eternas y turbulentas. Se convirtió así en el único mexicano que fuma por razones cívicas. No es fácil construir la confianza en un país donde el partido oficial usurpa los colores de la bandera en su emblema y usa al arquero de la selección nacional en su campaña. Había que diseñar y vigilar elecciones para casi 59 millones de votantes en un territorio donde el suministro de energía eléctrica es tan temperamental como el joven Werther y donde el narco resuelve sus polémicas con ametralladoras AK-47. Pero la organización y la credibilidad fueron milagros posibles. Cuando Woldenberg apagó el último puro del 2 de julio, el horizonte estaba despejado.

El nombre más repetido en el padrón electoral es el de Juan Hernández Hernández (2.414 veces). La contienda se vislumbraba tan reñida que los votos del clan Hernández podían significar la diferencia. Sin embargo, a las ocho de la noche todos los sondeos daban el triunfo a Fox. El último bastión electoral del PRI son las serranías, donde puede comprar votos y maquillar resultados en casillas sin vigilancia. Muchos temieron la siguiente pesadilla: dormirse el 2 de julio con la certeza de que Fox había ganado y amanecer el 3 con la nueva de que el voto rural (cuyo conteo es más lento) había producido una remontada legal del PRI. Un guión idóneo para citar a Augusto Monterroso: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". Apenas dos horas después del cierre de las casillas, el triunfo de la oposición conservadora era tan contundente que tal vez los priístas adictos al fraude pensaron en disminuir sus votos para adaptarse a la inobjetable fuerza de las encuestas.

La primera elección que condujo a la alternancia también fue la primera determinada por las encuestas. Durante meses extenuantes, más que los programas de los contendientes, se discutió quién iba a la cabeza. La propaganda le dio la razón a Borges y convirtió nuestra incipiente democracia en un abuso de la estadística. Los oráculos de la modernidad declararon que sólo Fox tenía posibilidades de triunfo y el PAN ganó adeptos tardíos por razones aritméticas. Mientras tanto, en los mitines de apoyo a Cárdenas, los irreductibles mostraban una pancarta: "A mí no me han encuestado".



Un hombre rudo

En la noche del 2, la revista Letras Libres organizó una reunión para rescatar a sus colaboradores de la penuria de recibir noticias en soledad. De nuevo hice un "conteo rápido": un voto para Cárdenas y ocho para Fox (cuatro de ellos decididos en la última semana y uno ese día).

Fiel a su aura de hombre rústico, Fox votó en su rancho y luego se dirigió a la capital. Corría el rumor de que vendría a caballo o, para ser fiel a las contradicciones que representa, montando a caballo dentro de un avión.

Los desafíos que enfrenta su mandato son descomunales. La administración de Zedillo, que sólo cree en el dios de la macroeconomía, le entregará cifras globales en orden y una sociedad devastada por la desigualdad social. Chiapas, el desfalco bancario protegido por el gobierno, un severo conflicto universitario. Además, el país tiene los más nefastos contrapoderes: los capos de la droga son dueños de buena parte de la economía y, como en Rusia, los mandos policiales despedidos por cargos de corrupción se han incorporado a la sociedad civil a través del crimen organizado. Las enormes expectativas que despierta la alternancia tendrán que cumplirse en un escenario convulso, donde aún no queda muy claro cuál será el papel del PRI. ¿Es posible que un instituto político cuyo único móvil ha sido conservar el poder integre una oposición moderna y constructiva? Más que un partido, el PRI es la mayor bolsa de trabajo de América latina, una forma de hacer negocios a través de la política. Los priístas han aceptado proyectos rotativos y contradictorios con tal de sentarse en la silla presidencial. El más reciente fue el de prometer una alternancia sui generis. Francisco Labastida se presentó como improbable candidato contra su propio partido y habló del "nuevo PRI".

Esta estrategia gatopardista proponía llevarnos al país de la transición institucional, donde el cambio fuera una meta siempre pospuesta. El PRI ha perdido y sus miembros debutan como desempleados. Muy a la mexicana, vivimos la alegría de un funeral con la esperanza de que los muertos se queden quietos y no regresen como ánimas en pena.

Vicente Fox encara la titánica misión de inaugurar una república con libre juego político donde haya sitio para los que no votaron por él. Es un personaje carismático, valiente, impredecible, impulsivo, entusiasta, maniqueo, inestable, inculto e incansable. Se parece muy poco a su partido, que es cauto, mojigato y convencional. Tal vez el tiempo lo convierta en caudillo o contribuya a matizarlo. Por el momento, sus logros son inauditos. No sabemos si el cambio traerá un venturoso porvenir, sólo sabemos que el porvenir exigía un cambio. La transición ha comenzado.

Encontrado en: http://www.clarin.com.ar/diario/2000-07-05/o-02101.htm